viernes, 14 de mayo de 2010

El manzano

Hay personas a nuestro lado que son capaces de dar todo lo que tienen. No muchas, por desgracia, pero seguro que las hay.

Y en la mayoría de las ocasiones no somos conscientes de ello; no somos capaces de darnos cuenta de los gestos de amor que nos dedican, como le ocurre al protagonista de la historia de esta semana.

Hay dos detalles que me llaman la atención de este cuento. El primero es que las personas regresan siempre a donde han encontrado amor desinteresado; y el segundo, que el amor no está exento de dolor por la persona amada, porque ¿se puede sonreir con lágrimas?


Con vosotros, El manzano. ¡¡Espero que os guste!! (Ah! y mucho ánimo a los 'manzanos' que hay en la lista!)

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El manzano

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él.

Trepaba al árbol, comía sus manzanas y se echaba una siesta bajo su sombra. El amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó y escuchó que el árbol le decía triste: “Vienes a jugar conmigo?”… pero el muchacho contestó: “ya no soy el niño de antes que juega alrededor de enormes árboles, lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos".

“Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas, de esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes". El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas, obtuvo el dinero de la venta y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “Vienes a jugar conmigo?… 

- “no tengo tiempo para jugar, debo de trabajar para mi familia, necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos, ¿puedes ayudarme?"

- "… lo siento -respondió el manzano-, no tengo una casa, pero… puedes cortar mis ramas y construir tu casa”.

El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió… y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. "¿Vienes a jugar conmigo?"… volvió a preguntar el árbol.

El hombre contestó: “estoy triste y volviéndome viejo, quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?"

- Usa mi tronco -contestó el árbol- para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz. El hombre cortó el tronco, construyó su bote y luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó y el árbol le dijo: "lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas"… Y el hombre replicó: "No tengo dientes para morder; ni fuerza para escalar… ya estoy viejo".


Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo: “realmente no puedo darte nada, la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó… – "ya no necesito mucho ahora, sólo un lugar para descansar, estoy tan cansado después de tantos años..."

- Bueno -respondió el manzano- las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa. El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.

1 comentarios:

Anónimo 1 de junio de 2010, 3:18  

me encanto.. el amor verdadero el que da sin esperar nada a cambio