miércoles, 2 de abril de 2014

El discípulo impaciente

A todos nos gusta que nuestros deseos y aspiraciones se hagan realidad lo antes posible, para poder apreciar el fruto de nuestras acciones.


Pero la realidad a veces se muestra esquiva y el tiempo va pasando sin que veamos su realización concreta.

Esto suele suceder especialmente cuando nos dirigimos a Dios a través de nuestra oración en busca de ayuda, consuelo y cercanía, y no apreciamos ningún cambio alrededor, sintiendo una impotencia interior que nos sobrepasa.

La historia de esta semana, titulada El discípulo impaciente, trata sobre esto, y nos recuerda que aunque no veamos resultados concretos de nuestro oración, es importante no desfallecer en ella.


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El discípulo impaciente

Después de una exhaustiva sesión matinal de oraciones en el monasterio, el novicio le preguntó al abad:

-Todas estas oraciones que usted nos enseña, ¿hacen que Dios se acerque a nosotros?

-Te voy a responder con otra pregunta -dijo el abad. -¿Todas estas oraciones que rezas harán que el Sol salga mañana?


-¡Claro que no! ¡El Sol sale porque obedece a una ley universal!

-Entonces, ésta es la respuesta a tu pregunta. Dios está cerca de nosotros, independientemente de las oraciones que recemos.

El novicio se enojó:

-¿Usted quiere decir que nuestras oraciones son inútiles?

-En absoluto. Si tú no te despiertas temprano jamás podrás ver la salida del Sol. Si tú no rezas, aunque Dios esté siempre cerca, nunca conseguirás notar Su presencia.



La Historia de la Semana

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