miércoles, 18 de septiembre de 2013

Nunca es demasiado tarde


Decía San Agustín, allá por el siglo IV, que hay que vivir el presente del presente, aludiendo a la importancia de no quedarse en los recuerdos del pasado ni en las ensoñaciones estériles del futuro.

Esta es la actitud que tienen los niños y los adolescentes ante la vida: van absorviendo cada nueva experiencia sin mirar hacia atrás. Y es también, cuando falta, el inicio de que una persona se ha vuelto mayor independientemente de su edad cronológica.

El texto que comparto esta semana es original de José María Escudero y me ha recordado esta necesidad de vivir el presente con intensidad, pues Nunca es demasiado tarde para soñar, cambiar, iniciar nuevos proyectos,..., en definitiva, para llevar a la práctica los mejores sentimientos de nuestro corazón. 

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Nunca es demasiado tarde...

Nunca es demasiado tarde para perdonar...
Aunque siempre es demasiado pronto para llegar a las manos.

Nunca es demasiado tarde para sonreír...
Aunque siempre es demasiado pronto para lamentarse.

Nunca es demasiado tarde para implicarse...
Aunque siempre es demasiado pronto para pasar de largo.

Nunca es demasiado tarde para abrirse a los otros...
Aunque siempre es demasiado pronto para cerrarse en sí mismo.

Nunca es demasiado tarde para dar el primer paso...
Aunque siempre es demasiado pronto para obsesionarse con la meta.

Nunca es demasiado tarde para edificar puentes...
Aunque siempre es demasiado pronto para construir muros.

Nunca es demasiado tarde para ser feliz...
Aunque siempre es demasiado pronto para sentirse un desdichado.

Nunca es demasiado tarde para amar...
Aunque siempre es demasiado pronto para juzgar si lo merecen.

Nunca es demasiado tarde para soñar y arriesgar...
Aunque siempre es demasiado pronto para bostezar y “seguir tirando.”

Nunca es demasiado tarde para nacer a una vida nueva...
Aunque siempre es demasiado pronto para seguir muriendo en vida.


La Historia de la Semana

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