viernes, 3 de septiembre de 2010

Decálogo para un día cualquiera

Después de las vacaciones retornamos a la rutina diaria y habitual, aguardando con expectación la próxima fiesta que aparezca en el calendario, pero ya la mayoría de los días siguen la misma liturgia: levantarse, desayunar, trabajar, ...

Por eso me ha parecido oportuno recordar este Decálogo para un día cualquiera, en el que de forma sencilla recuerda unas cuantas ideas importantes para no sucumbir a las tareas que debamos hacer y dejar patente que lo primero y fundamental es, como siempre, el ser personal de cada uno.

Espero que sea un buen recordatorio para iniciar la vuelta al trabajo!!


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Decálogo para un día cualquiera


1º.- Levántate y saluda este día como si fuera el primero y el último de tu vida.

2º.- Tómate el tiempo que necesites para desayunar, elige alimentos sanos que te llenen de vitalidad. ¡La mañana es muy larga!

3º.- Cuando abras la puerta de la calle, respira y disfruta como si ese día hubiera sido creado para ti. Está en tus manos y en ti el que así sea: tú eres su creador.

4º.- Llueva o haga sol, es un día perfecto. Tú también lo eres en tu esencia. No estropees con minucias tanta perfección. Y si tienes cosas de las que ocuparte que no sean minucias, hazlo, pero sin pre-ocuparte.

5º.- Concede a las cosas su justa importancia: ni más ni menos.

6º.- No te aferres al pasado ni deposites tus esperanzas en el futuro; el presente, el aquí y ahora es lo único que tienes: constrúyelo, vívelo y disfrútalo.

7º.- Aprende a confiar y a delegar en los demás, ¡no puedes mover el mundo en solitario!

8º.- Trázate objetivos realistas y ponlos en marcha con voluntad y tenacidad. Si llega el milagro, ¡bienvenido sea!

9º.- Hacer algo perfecto y con rapidez es sumamente complicado. Haz las cosas con el tiempo que cada una necesite. Sé riguroso y entrégate a lo que estás haciendo, pero sin confundirte con ello y sin hipotecar otros espacios de tu vida.

10º.- Y al final del día, medita sobre tus éxitos y tus desaciertos en ese día. Aprende de los desaciertos que hayas tenido y celebra tus éxitos a lo grande, por pequeños e insignificantes que sean, porque sin duda te has esforzado mucho en todo el día y todo esfuerzo merece una recompensa.

(Recopilación de Carmen Moreno)

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