sábado, 14 de mayo de 2011

Se acerca el verano...

Una vez que se acaba la Semana Santa, el verano se presenta casi sin darnos cuenta, y con él la cuestión de cómo pasar las vacaciones.

¡O sea, que ir pensando y programando lo que se quiere hacer en verano!

Aquí va un poco de publicidad para ir dando ideas (sobre todo para los que viven en España; a los lectores del blog que están en China o en Mexico, que los hay, les queda un poco lejos... ¡pero nunca se sabe!).

Yo estaré de campamento de verano (del 19 al 30 de julio) y en un campo de trabajo (del 1 al 10 de agosto) en el norte de Burgos, en un pueblecito llamado Quintanabaldo.

Y al regresar a Madrid aún me quedarán ganas de participar en la Jornada Mundial de la Juventud, que va a ser eso: ¡mundial!

Hay información más  detallada en la web de la asociación Juventud Idente, pero aquí van algunos videos de las actividades.


Este es de un campamento de verano:




Y este de un campo de trabajo que salió ¡¡redondo!!




Aunque no tiene que ver con el verano, una de las actividades más bonitas de la asociación es repartir regalos en navidad en el ateneo de Reyes Magos. Aquí va la muestra:




Y por último un video promocional de la Jornada Mundial de la Juventud que se va a celebrar este verano en Madrid:


La Historia de la Semana

martes, 10 de mayo de 2011

El puente perfecto

De la historia de esta semana se pueden sacar muchas ideas prácticas para nuestra actividad cotidiana.

La primera que resalta son los efectos del afán de perfeccionismo. Está bien desear hacer las cosas de la mejor manera posible, pero cuando nos quedamos en la cosa en sí y nos olvidamos del objetivo final es muy fácil que nos ocurra como general de nuestra historia, que se queda 'a verlas venir'. 

Otra idea es lo bien que funciona con ciertas personas la adulación: basta que les digas lo quieren escuchar para que ya te hagan caso; y es un mecanismo de manipulación al que hay que estar atento.

Y otras ideas que seguro se os ocurren. Así que sin más, aquí va El puente perfecto.


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El puente perfecto

Hace mucho tiempo, un simple soldado tenía la importante misión de guardar el paso existente en un río. 

Un día, al despertar, se encontró con todo un ejército al otro lado del río, dirigido por un gran general, orgulloso y de genio rápido. Con grandes voces el general le indicó sus intenciones de cruzar el río, tomar sus tierras y declararse dueño de todo el lugar.

El soldado miró las muy numerosas tropas y al orgulloso general y, tras meditar un rato, se inclinó ante el ejército. 

"Oh, gran general", dijo. "Veo vuestras tropas, valientes como ninguna otra. Veo vuestra nobleza, más allá de toda duda. Veo todas estas cosas". 

Entonces habló el general, complacido por haber sido correctamente juzgado. 

"¡Pues apártate y déjanos tomar lo que nos pertenece!". 

El soldado se inclinó ante el general, pero se negó pesaroso. 

"No podría, general. Mirad el río. Hay rocas, con las que podríais tropezar y caer. Hay barro, con el que podríais mancharos. Y fría está el agua. ¿Cómo podría dejaros cruzar de una manera tan poco noble, nada apropiada para vos?". 

El general meditó y vió que sufrir tales incomodidades estaba por debajo de lo que se merecía, por lo que asintió. 

"Dime entonces, soldado, qué propones".

El soldado se inclinó de nuevo. 

"Dejadme enviar mensaje a mi señor. Entenderá la situación como yo lo he hecho y enviará artesanos y materiales, los mejores de ambos, para que construyan un puente, el mejor que se haya construido jamás, para que vos y vuestras tropas, crucéis". 

El general asintió y acampó con sus tropas en su orilla del río. 

El señor del soldado entendió a su súbdito y, como éste había predicho, envió los mejores artesanos y materiales. 

Durante meses trabajaron con dedicacion y cuidado, de modo que el puente fuese perfecto. El puente tardó más de un año en ser construido y, cuando fue finalizado, era perfecto.

Pero también fueron perfectas las defensas que, en ese tiempo, el señor del soldado había erigido alrededor de su castillo, que jamás pudo ser tomado.

La Historia de la Semana

viernes, 6 de mayo de 2011

El monje y el jardín

El corazón tiene razones que la razón no entiende. Creo que esta frase de Pascal es bastante conocida e ilustra muy bien la historia de esta semana, titulada El monje y el jardín.

Con excesiva frecuencia intentamos meter todas las cosas que nos rodean en el molde de la razón, pero vemos a diario que muchas se nos escapan, como el amor. 

Este es para mí el mensaje de este cuento: que siempre hay un + en todas nuestras cosas y únicamente desde la perspectiva del maestro podemos contemplarlo y asumirlo.

¡A ver si os gusta!

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El monje y el jardín

Cuenta la leyenda que un anciano monje japonés pidió a su discípulo predilecto que arreglara el jardín del templo. 


Como todo el mundo sabe, los jardines japoneses nada tienen que ver con los occidentales: están cargados de simbolismo y cada detalle, cada planta, cada roca, cada riachuelo tiene un significado concreto.

Pues bien, el discípulo hizo lo que le pedía el maestro, pero éste no se mostró satisfecho:

–Aún falta algo –le dijo–.

Por tres veces trató el joven alumno de mejorar el jardín sin conseguir la aprobación del anciano. Hasta que, por fin, se rindió:

–Maestro, no logro saber qué es lo que falta. He cuidado cada uno de los detalles y no soy capaz de hacer más.

Entonces el maestro se inclinó, tomó una hojas secas de arce y las lanzó descuidadamente sobre el jardín.

–Ahora está bien –concluyó–.


La Historia de la Semana