sábado, 23 de mayo de 2009

Nueva clínica japonesa

Un poco de humor y una sonrisa nunca vienen mal. Parafraseando el dicho popular: 'las penas con humor son menos', o, al menos, ¡son más llevaderas!

Así que aquí va la propaganda de una nueva clínica que han abierto en Madrid,
dedicado con todo cariño a los que se dedican al área sanitaria (espero que después de esto me sigáis tratando bien...!!).

PD.: ¡de paso sirve como test para los estudiantes de la lengua española :-)!

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NUEVA CLINICA JAPONESA 

Acaba de establecerse en Madrid una nueva clínica japonesa, que reúne en su staff a los mejores especialistas nipones:

Nombre del nuevo hospital:

Akitepiyo Akitemato.
 

Director de la clínica: Dr. Elke Tekula.

Urgencias: Dra. Tankulao Lomimito.

Medicina Preventiva: Dra. Tasmumal Kelosepas.

Obstetricia: Dra. Tepalpa Podentlo.

Pediatra: Dra. Yokulo Tuklia.

Psiquiatra: Dr. Yokulo Tukoko.

Endoscopia: Dr. Temeto Tubito.

Laboratorio: Dra. Temila Tukaka.

Dermatólogo: Dr. Tukuelo Stadulo.

Gastroenterólogo: Dr. Tesobo Tupanza.

Inmunólogo: Dr. Awuanta Toito.

Neumólogo: Dr. Tutoses Mufuelte.

Neurólogo: Dr. Satulo Tukoko.

Odontólogo: Dr. Tekito Lakalies.

Oftalmólogo: Dr. Temilo Elojo.

Otorrinolaringólogo: Dr. Tesako Mokito.

Patólogo: Dr. Temilo Enchikito.

Proctólogo: Dr. Temilo Kulete.

Radiólogo: Dr. Tetomo Tufoto.

Traumatólogo: Dr. Taleglo Elwueso.

Oncología: Dr. Tukaso Takagao.

Urólogo: Dr. Tupipi Stamalo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Un relato azteca

Otra semana que se ha pasado volando. O tal vez sea que con esto de enviar una historia semanal a mí me lo parece... Pero mientras se pueda, espero no faltar a nuestra cita (¡¡y material hay de sobra!!) :-))


Cada vez que uno se asoma al mundo, y no hay que irse muy lejos, vemos muchísimas situaciones injustas. Y el primer sentimiento que nos viene es que nos gustaría arreglarlas, pero no sabemos por dónde comenzar. ¡¿Qué puedo hacer yo frente a los poderosos, frente a la sociedad, frente a las corrientes de opinión,...?!! Siendo realistas diremos que seguramente muy poco; pero ese poco, ese granito de arena apenas perceptible, puede ser fermento de otras grandes cosas que no imaginamos.


La historia de esta semana es un relato azteca que trata precisamente del valor de lo pequeño y cómo muchas cosas insignificantes pueden hacer una grande. Espero que os guste!
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Un relato azteca


Dicen nuestros abuelos que hace mucho tiempo hubo un gran incendio en los bosques que cubrían la tierra. Las personas y los animales empezaron a correr huyendo del fuego.


Nuestro hermano el búho, Tecolotl, también corría, cuando vio un pajarito que iba y venía del río cercano al fuego. Se dirigió hacia donde iba este pajarito.


Cayó en la cuenta de que era nuestro hermano el pájaro Quetzal, Quezaltototl, que iba hacia el río, cogía gotitas de agua en el pico, y volvía al fuego para arrojar en él aquella gotita de agua.


El búho se acercó al pájaro Quetzal y le gritó: "¿Qué haces, hermano? ¿Eres tonto? No vas a conseguir nada con eso. ¿Qué estás intentando hacer? ¡Tienes que huir para salvar tu vida!".


El pájaro Quetzal se detuvo un momento, miró al búho, y luego respondió: "Estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo".



Nuestros abuelos recuerdan que hace mucho tiempo los bosques que cubrían nuestra Tierra fueron salvados de un gran incendio por un pajarito Quetzal, un búho y otros muchos animales que se unieron para apagar las llamas.

jueves, 21 de mayo de 2009

Huellas en la arena

Una noche tuve un sueño...



... Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.


Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.



Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.



Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tú me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".



Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".