miércoles, 18 de marzo de 2009

El niño y el piloto

Cuanto más mayores nos hacemos, más expuestos estamos a las vicisitudes y dificultades de la vida: fracasos, enfermedades, decepciones, fallos,.... ¿Qué nos queda en esos momentos? ¿A quien recurrir? ¿Se puede encontrar algo positivo en los momentos oscuros?

Son situaciones muy difíciles en las que se suele sufrir mucho, pero los que tenemos la gracia y la suerte de creer en Dios confiamos que siempre hay un más y un Alguien que nos acoge y nos consuela, un Padre que nos acompaña en nuestro caminar.

Todo esto me ha recordado la historia de la semana de esta ocasión, historia sencilla y de confianza.


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El niño y el piloto
El hombre observó al niño solo en la sala de espera del aeropuerto aguardando su vuelo.

El niño fue colocado al frente de la fila, para entrar y encontrar su asiento antes que los adultos.

Al entrar al avión, el hombre vio que el niño estaba sentado al lado de su asiento. El niño fue cortés cuando conversó con él y, enseguida, comenzó a pasar el tiempo pintando un libro. No demostraba ansiedad o preocupación con el vuelo mientras las preparaciones para el despegue estaban siendo hechas.

Durante el vuelo, el avión entró en una tempestad muy fuerte lo que lo hizo balancearse como una pluma al viento.

La turbulencia y las sacudidas bruscas asustaron a algunos pasajeros. Pero el niño parecía encarar todo con la mayor naturalidad.

Una de las pasajeras, sentada del otro lado del corredor estaba preocupada con todo aquello y preguntó al niño:

- Niño, ¿no tienes miedo?

- No señora, no tengo miedo -respondió, levantando los ojos rápidamente de su libro de pintar-, ¡mi padre es el piloto!

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