sábado, 26 de marzo de 2011

Siempre hay una razón para vivir

Efectivamente, yo creo que siempre hay una razón para vivir y para luchar. 

El video de esta semana se inscribe en una campaña por la vida que se celebra durante estos días, para destacar que en la enfermedad o en la minusvalía, siendo joven o mayor, siempre es posible encontrar una razón, por pequeña que parezca, para seguir adelante manteniendo viva la llama de la esperanza.

Por eso, yo me apunto completamente al ¡Sí a la vida! 

Aquí va el texto del mensaje y luego el video.

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Siempre hay una razón para vivir 
¿Cuál es la tuya?

Podría decirte que la vida es un regalo,
que la vida siempre es digna,
que en la enfermedad te haces más humano,
que tu vida es tuya pero no te pertenece,
y por supuesto que la vida es un don de Dios.

Pero simplemente te diré,
que siempre hay una razón,
para compartir,
para crecer,
para celebrar,
para llorar,
para vivir.

¿Cual es la tuya?



La Historia de la Semana

miércoles, 23 de marzo de 2011

Nunca dejes de volar

Solemos soñar frecuentemente lo que nos gustaría ser y los logros que nos gustaría alcanzar en nuestra vida.

Cuando somos jóvenes no nos asustan los retos y estamos dispuestos a llegar hasta donde haga falta en pos de esos sueños, pero según nos vamos haciendo mayores nos vamos conformando con las situaciones, con el riesgo de caer en un conformismo que nos hace aun más mayores. 

El video de esta semana es un recordatorio, tomando como excusa el vuelo de los pájaros, de que siempre hay que soñar, a pesar de los obstáculos, de las dificultades, de las soledades,... que puedan aparecer en el camino, pues como dijo el poeta pensar es bueno,... soñar es mejor.

La banda sonora que sirve de fondo musical es la canción The  Champions del grupo Era.
 
Primero va el texto de los subtítulos y luego el video.
Así que ¡nunca dejemos de volar como los pájaros!
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¡Nunca dejes de volar!
 
Siempre vuela en la dirección de tus objetivos.
No importa lo alto que estén
Siempre podrás alcanzarlos.

A veces te sentirás sólo,
O simplemente uno más en medio de la multitud.


Pero recuerda... nunca dejes de volar.

 Encontrarás obstáculos.
A veces tendrás que volver al principio
Y empezar todo de nuevo.
Tendrás ganas de desistir
Pero siempre habrá alguien para darte ánimo.
Alguien en quien puedes confiar
Cuando el camino sea largo.
Cuando haya disputas
Comprenderás la importancia del trabajo en equipo.
Y con cada logro
Podrán celebrar juntos cada victoria.

 
Por eso...  nunca dejes de volar.

Atrévete.
No esperes ser llevado por el viento.
Sumérgete en tus objetivos,
Permanece atento a las oportunidades
Porque ellas te llevarán a alturas mucho mayores.

Por eso... ¡nunca dejes de volar!




La Historia de la Semana

martes, 22 de marzo de 2011

Carta de un padre a su hijo

En la sociedad que estamos viviendo es difícil encontrar el momento adecuado para expresar nuestros sentimientos, ilusiones, sueños,.... y al final muchas relaciones se quedan sólo en lo superficial.

Recientemente hemos celebrado el Día del Padre, que se ha convertido en un reclamo publicitario más para incitar al consumo, y por eso quiero incluir en la historia de esta semana un texto que estoy convencido que la mayoría de los padres suscribirían gustosos pero que muy pocos serían capaces de compartir con sus hijos.

Se titula Carta de un padre a su hijo, y le va relatando sus preocupaciones educativas y expresando su cariño.  

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Carta de un padre a su hijo


Querido hijo,

No te prometo, hijo, impedir que tropieces, ni estar pegado a ti para asistirte en la caída. Te estorbaría mi excesiva protección, y te haría extremadamente dependiente. Pero sí te prometo estar ahí, para cuidar tus raspones.


No te prometo, hijo, donarte mi experiencia. No podría ser tuya. Tendrías que adquirirla en carne propia. Pero prometo estar disponible cuando solicites mi consejo.

No te prometo, hijo, solucionar tus problemas, aunque lo haría todo por ti. La solución suele estar en tus manos y no en las mías, pero prometo ayudarte en lo posible y escucharte cuando quieras desahogarte.


No te prometo, hijo, evitarte sufrimientos. No puedo cegarte a la realidad, porque a veces sufrir es necesario para aprender a ser fuerte, pero prometo ofrecerte mi hombro cuando necesites consuelo.

No te prometo, hijo, darte todo lo que quieras. En todo caso es mejor que aprendas que los caprichos y las modas no son importantes pues se olvidan en cuanto se consiguen; pero prometo hacer el mayor esfuerzo para darte lo necesario. 

No prometo, hijo, que serás tú el centro de mi atención; necesito también atender otros asuntos por tu bienestar y el de toda la familia, pero prometo no descuidarte y dedicar un tiempo especial sólo para ti.

No prometo, hijo, caerte bien en todo momento. A veces no te gustará lo que yo diga o haga, porque tengo la obligación de guiarte por el camino correcto. Pero prometo no maltratarte ni humillarte cuando te corrija.

No prometo, hijo, estar a tu lado siempre. Soy mortal como cualquier humano. Pero prometo enseñarte que existe un Padre que sí es eterno y a quien podrás acudir siempre que quieras.
 
No prometo, hijo, ser un padre perfecto, pero prometo poner todo mi amor en el intento.


Con todo mi cariño,


La Historia de la Semana