domingo, 11 de octubre de 2009

El maestro y los listos

Tenemos un refrán popular en España (aunque imagino que en casi todos los lugares del mundo habrá uno similar) que dice que 'hay que ser bueno, pero no tonto': una cosa es actuar de manera altruista haciendo el bien, sabiendo conscientemente lo que se hace, y otra muy distinta que alguien manipule los buenos sentimientos y, sin darnos cuenta, se aproveche de ellos.

La historia de esta semana recrea de una forma simpática esta situación, y me ha recordado la importancia de saber estar siempre por encima de las circunstancias, de manera que no nos dejemos llevar por ellas y acabemos donde no nos gustaría ir. Como decían los santos padres: cada uno es dueño de su destino, aún en medio de las mayores adversidades. ¡Espero que os guste!

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El maestro y los listos

Había en un pueblo de la India un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable a la vez que extravagante. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar.
El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección. Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en reirse y pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:

--Amigos, ¿sabéis de qué voy a hablaros?
--No -contestaron.
--En ese caso -dijo-, no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les dirigiré la palabra.
Los asistentes, desorientados, se fueron a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar nuevamente las palabras del santo.
El hombre no dudó en acudir hasta ellos y les preguntó:
--¿Sabéis de qué voy a hablaros?
--Sí, lo sabemos -repusieron los aldeanos.
--Siendo así -dijo el santo-, no tengo nada que deciros, porque ya lo sabéis. Que paséis una buena noche, amigos.
Los aldeanos se sintieron burlados y experimentaron mucha indignación.
No se dieron por vencidos, desde luego, y convocaron de nuevo al hombre santo. El santo miró a los asistentes en silencio y calma. Después, preguntó:
--¿Sabéis, amigos, de qué voy a hablaros?
No queriendo dejarse atrapar de nuevo, los aldeanos ya habían convenido la respuesta:
--Algunos lo sabemos y otros no.
Y el hombre santo dijo:
--En tal caso, que los que saben transmitan su conocimiento a los que no saben.
Y dicho esto, el hombre santo se marchó de nuevo al bosque.

sábado, 3 de octubre de 2009

Mi diario

La historia de esta semana va dedicada a mis amigos de Aragón, la región donde nací. Dentro de España tenemos fama de ser un poco (es un decir...) 'cabezotas': idea que se nos mete en la cabeza, idea que llevamos a la práctica sí o sí (bueno, esto se compensa con que también tenemos fama de nobles, ejem).

Muchas veces nos puede la inercia y nos empeñamos en cosas que vistas desde fuera se pueden afrontar de varias maneras, pero sólo estamos pendientes de la nuestra. ¡Por eso se dice que rectificar es de sabios!

El cuento de hoy trata precisamente sobre este tema y es de Jorge Bucay. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

PD.: Espero que mis amigos y familiares de Aragón no se lo tomen a mal y me retiren la ciudadanía !!!



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Mi diario

Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo, y me caigo en él.

Día siguiente... salgo de mi casa, me olvido que hay un pozo en la vereda, y vuelvo a caer en él.

Tercer día: salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda, sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.

Cuarto día: salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la vereda, lo recuerdo, y a pesar de eso, no veo el pozo y caigo en él.

Quinto día: salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la vereda y camino mirando al piso, y lo veo, y a pesar de verlo, caigo en él.

Sexto día: salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la vereda, voy buscándolo con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.

Séptimo día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, ¡¡llego al otro lado!!

Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que festejo dando saltos de alegría... y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.

Noveno día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto, y sigo mi camino.

Décimo día:
recién me doy cuenta hoy que es más cómodo caminar por la vereda de enfrente.  

Jorge Bucay

domingo, 27 de septiembre de 2009

Decálogo de la Empatía

Esta semana quisiera compartir con todos el Decálogo de la Empatía. Está dirigido a padres con niños pequeños pero es perfectamente extrapolable, con los necesarios ajustes, al ámbito de la educación y de las relaciones personales.

Los que nos movemos en el ambiente educativo tendemos a imponer nuestro criterio y forma de ver las cosas pensando que es lo mejor (¡y puede que lo sea pues con nosotros ha funcionado!) , pero es también importante y necesario ponerse en la piel del educando o del amigo para discernir qué es lo que piensa y lo que más le conviene en cada momento.

Siempre recordaré una anécdota de un campamento: estaba recriminando un determinado comportamiento a una niña cuando, después de dejarme hablar, me contestó: '¡pero si sólo tengo nueve años y me tratas como si fuera mayor!'. Palabra de honor que no supe qué responderle.

Pues aquí va este Decálogo de la Empatía,
dedicado sobre todo a los padres y educadores, y que espero os sea muy útil en vuestra labor.


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Decálogo de la Empatía

1.- Sólo por hoy, en la mañana, voy a sonreír cuando vea tu rostro y reír cuando tenga ganas de llorar.

2.- Sólo por hoy, en la mañana, voy a dejarte escoger la ropa que te vas a poner, voy a sonreír y a decirte que te queda perfecta.

3.- Sólo por hoy pediré un día de descanso, o vacaciones, para llevarte al parque a jugar.

4.- Sólo por hoy, al mediodía, voy a dejar los platos en la cocina y voy a dejarte que me enseñes como armar un rompecabezas.

5.- Sólo por hoy, en la tarde, voy a desconectar el teléfono y apagar la computadora para sentarme junto a ti en el jardín para hacer burbujas de jabón.

6.- Sólo por esta tarde no voy a reclamarte, ni siquiera a murmurar, cuando tú grites y llores cuando pase el carro de los helados, y voy a salir contigo a comprarte uno.

7.- Sólo por esta tarde no voy a preocuparme sobre que va a ser de ti cuando crezcas y voy a pensar otra vez en todas las decisiones que haya hecho acerca de ti.

8.- Sólo por esta tarde te estrecharé en mis brazos y te contaré una historia acerca de cuando tú naciste y sobre lo mucho que te quiero.

9.- Sólo por esta noche te dejaré salpicar en la bañera y no me voy a enojar.

10.- Sólo por esta noche te dejaré despierto hasta tarde, mientras nos sentamos en el porche a contar las estrellas.

Y sólo por esta noche, cuando pase mis dedos entre tu cabello mientras rezas, simplemente daré gracias a Dios por el mayor regalo que he recibido.