jueves, 4 de julio de 2013

El relojero


Uno de los valores menos mencionados en las historias es el de la perseverancia o la constancia.

Solemos destacar la amistad, la generosidad, la disposición,... pero la constancia en el deber se nos olvida.

La historia de esta semana sirve para ilustrar cómo la perseverancia da sus frutos en el momento adecuado, y la mejor perseverancia es la que está movida por el amor.

Cuando iniciamos una tarea con ilusión hay que cuidarla con amor y dedicación, y ser perseverantes para llevarla a feliz término. 

Todo esto es lo que nos enseña esta historia de El relojero.
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El relojero

Cuentan que el viejo relojero volvió al pueblo después de dos años de ausencia. El mostrador de su relojería recibió en una sola tarde todos los relojes del pueblo que se habían estropeado y habían quedado esperándolo en algún cajoncito de la casa de sus dueños.


El joyero revisó cada uno, pieza por pieza, engranaje por engranaje. Pero sólo uno de los relojes tenía arreglo, el que pertenecía al viejo maestro de la escuela pública; todos los demás eran ya máquinas inservibles.

El reloj del maestro era un legado de su padre; posiblemente por eso el día en que se detuvo marcó para ese hombre un momento muy triste. Sin embargo, en lugar de dejarlo olvidado en su mesita, el maestro cada noche tomaba su viejo reloj, lo calentaba entre sus manos, lo lustraba, daba apenas una media vuelta a la tuerca y lo agitaba deseando que recuperara su andar. 


El reloj parecía querer complacer a su dueño, que durante algunos minutos se quedaba escuchando el conocido tictac de la máquina. Pero enseguida volvía a detenerse.

Sin embargo, fue este pequeño ritual, este ocuparse del reloj, este cuidado amoroso, lo que evitó que ese reloj se trabara para siempre. 

Fue la suma de la motivación y la perseverancia del maestro lo que salvó a su reloj de morir oxidado.


La Historia de la Semana

1 comentarios:

Ruth 7 de julio de 2013, 5:03  

José María eres una maravilla para encontrar historias tan bonitas e imágenes tan elocuentes y apropiadas para ilustrarlas.

Realmente eres un amor.