viernes, 2 de julio de 2010

La obra del Rey

Cuando estamos inmersos en un proyecto, o incluso en el trabajo cotidiano, tenemos habitualmente dos opciones: hacer las cosas como siempre se han hecho o intentar mejorarlas con creatividad e ilusión.

Evidentemente el camino más fácil es el primero: necesita poco esfuerzo. En cambio el segundo requiere profundizar en las situaciones, imaginar alternativas y aportar un trabajo personal.

La historia de esta semana, titulada La obra del Rey, es un sencillo cuento que pone de manifiesto esta doble vía de afrontar los retos que la vida nos va poniendo en el camino, resaltando algunas ideas importantes. Entre ellas, las cualidades que hacen de una persona un auténtico líder: iniciativa, valentía, compromiso, autoridad moral, creatividad,...

¡Espero que os guste!

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La obra del Rey

Cierto rey ordenó a sus dos hijos construir dos grandes acueductos que llevaran agua a los maltrechos campos reales, muy castigados por una gran sequía. 

El primero tomó parte de las riquezas y ejércitos del padre y con ellos fue al Norte, donde ordenó a los habitantes de aquellas tierras trabajar duro en la construcción de la gran obra. El hijo del rey dirigió la obra diligentemente, pagando justamente a los aldeanos y terminándola en el tiempo previsto de dos años.

Orgulloso de su trabajo, se presentó en palacio, donde se encontró con las celebraciones por la próxima coronación de su hermano como rey. Le contaron que había tardado sólo un año en construir el acueducto del Sur, y que lo había hecho sin apenas soldados ni dinero.

Aquello le pareció tan extraño que comenzó a investigar la obra de su hermano, llegando a descubrir no pocas irregularidades. Volvió entonces alarmado a informar a su padre el rey para evitar la coronación de su hermano.

- ¿Por qué dices eso?, ¿hay algo que deba saber? - respondió el rey.

- Sabes cuánto quiero a mi hermano, pero debe haberse vuelto loco, pues ha manchado nuestro nombre mil veces. Construyó el acueducto desviándose de los

planos. Creó salidas de agua que llegan a otros campos antes del tuyo, al que apenas llega la mitad del agua. Desafió al primer ministro en presencia de los aldeanos, se fue sin pagar nada a quienes trabajaron, y hasta utilizó a tus soldados como obreros. Y quién sabe si esto es sólo el principio...

El rey, mirando a su hijo con cariño, respondió:

- Hijo mío, todo lo que dices es cierto: tu hermano tuvo la iniciativa de modificar la obra para mejorarla; la sabiduría para proponer algo que mejoraría las vidas de todos y así convencer a los aldeanos de trabajar rápido y gratis; la valentía
para enfrentarse al primer ministro por defender la justicia; y la autoridad moral para poner a sus soldados a trabajar en la obra más horas que los aldeanos. Su compromiso fue tan grande, que él mismo fue quien más tiempo dedicó a trabajar, olvidando su condición de príncipe. ¿Sabes, hijo? Es por estas cosas que todo el mundo adora a tu hermano y harían lo que él les pidiera.


El príncipe se marchó pensativo, reconociendo en las palabras de su padre la grandeza de su hermano. Y sin dudarlo un instante, corrió a felicitarle.

martes, 29 de junio de 2010

Amar hasta sus imperfecciones

¿Dónde radica el verdadero amor?

Es muy fácil querer a las personas que se portan bien con nosotros o que simplemente no me causan molestias. Sin embargo, cuando surgen los inconvenientes es cuando más necesario se hace mostrar ese amor del que muchas veces hablamos.

El video de esta semana me ha parecido muy interesante y sugerente porque relata un caso muy particular de esta situación: lo que cuenta una señora en el funeral de su marido (funeral al estilo de las películas de Hollywood, con discursos de la gente y demás). Está en inglés pero se leen muy bien los subtítulos. 

A mí me ha gustado y me ha hecho meditar. Aquí va Amar hasta sus imperfecciones.





viernes, 25 de junio de 2010

La estrella de mar

Todo ser humano es único e irrepetible. Por ello merece toda nuestra atención y cuidado.

Cuando obervamos los problemas sociales a nuestro alrededor nos viene frecuentemente la pregunta: ¿y yo qué puedo hacer para solucionarlos? 

Es difícil dar un respuesta general que tenga incidencia real en el problema, pero lo que sí está claro es que siempre puedo ayudar a la persona que tengo al lado, porque es única e irrepetible.

Todo esto me ha sugerido la historia de esta semana, La estrella de mar, que espero os guste.

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La estrella de mar

Una persona iba caminando al atardecer por una playa desértica.

Mientras caminaba, divisó a otro hombre a lo lejos. Al acercarse, notó que el lugareño se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua.
Una y otra vez lanzaba cosas al océano.


Cuando nuestro amigo se acercó más todavía, vió que el hombre recogía estrellas de mar que se habían clavado en la playa y de una en una las iba devolviendo al agua. Se sintió algo confundido, así que se acercó y le dijo:

-Buenas noches, amigo. Me pregunto qué está haciendo.

-Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este momento, la marea está baja y todas estas estrellas quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se mueren aquí por falta de oxígeno.

-Ya entiendo- respondió éste -pero ha de haber miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible agarrarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente esto pasa en cientos de playas a lo largo de toda la costa. ¡¿No se da cuenta que su trabajo no cambia nada??!!

El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar para arrojarla de nuevo al mar y respondió:

- ¡Para ésta, sí cambió algo!