martes, 12 de febrero de 2013

La paz

Muchas veces hablamos de la importancia de la paz en las relaciones humanas, y no viene mal recordar el dicho tan conocido de que 'dos no discuten si uno no quiere'.

Una de las historias que comparto esta semana trata precisamente de la paz, y cómo para lograrla se requiere una buena dosis de generosidad y desprendimiento personal.

La otra historia, también muy breve, hace referencia al recogimiento, esto es, a la importancia de tener la mente centrada en lo que hay que hacer en el momento presente, sin perderse en ensoñaciones inútiles o inoportunas. Me ha recordado la entrada titulada El auténtico milagro, ya aparecida con anterioridad.

Ambos relatos, titulados La paz y Aquí y ahora, son originales de Anthony de Mello, y aquí van a continuación.

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La paz

Había dos monjes que vivieron juntos durante cuarenta años y nunca discutieron. Ni siquiera una vez.  


Un día, uno le dijo al otro:  - ¿A usted no le parece que ya es hora de que discutamos por lo menos una vez?

El otro monje dijo: - Está bien, ¡comencemos! Pero... ¿sobre qué discutiremos?

- ¿Qué le parece sobre este pan? -respondió el primer monje. 

- Está bien, vamos a discutir sobre el pan, pero ¿cómo lo haremos? -preguntó el otro monje.  

Contestó el primero: - Ese pan es mío, me pertenece

Y el otro replicó: - Si es así, tómelo, y no se hable más.

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Aquí y ahora

Diálogo entre el maestro y el discípulo:

- Maestro, ¿dónde debo buscar la iluminación?
- Aquí…
- ¿Y cuándo tendrá lugar?

- Está teniendo lugar ahora mismo.
- Entonces, ¿por qué no la siento?
- Porque no miras.
- ¿Y en qué debo fijarme?

- En nada.  Simplemente mira.
- ¿Mirar qué?
- Cualquier cosa en la que se posen tus ojos.
- ¿Y debo mirar de alguna manera especial?
- No. Bastará con que mires normalmente.
- Pero, ¿es que no miro siempre normalmente?
- No.
- ¿Y por qué no?
- Porque para mirar tienes que estar aquí, y casi nunca lo estás.


La Historia de la Semana

1 comentarios:

Valdo Echarry 25 de febrero de 2013, 18:24  

La sabiduría se brinda a cuentagotas, pero la generosidad en compartirla tiene el misterioso secreto de multiplicarse...

Se agradece ayudarnos a ser más pacíficos y a vivir la oportunidad de las tareas cotidianas.

Un gran abrazo JoséMari:

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